Nació en Sevilla en 1599, marchándose a Madrid en 1622 animado por su maestro y suegro, Francisco Pacheco. Un año más tarde, y gracias a su paisano el conde-duque de Olivares, se convertirá en el pintor de cámara de Felipe IV y -junto con El Greco y Goya- en una de los tres grandes de la pintura de nuestro país.
Del tenebrismo inicial de importante influencia de Caravaggio, pasó a «pintar el aire» gracias a la denominada «perspectiva aérea», definida por Da Vinci. Dos viajes a Italia -de 1629 a 1631 y de 1649 a 1651- marcaron su carrera artística. Un catálogo de más de 120 obras, de las cuales gran parte se puede admirar actualmente en el Museo del Prado de Madrid componen un dilatado curriculum.
En 1660, una rápida enfermedad -aparentemente envenenamiento por plomo debido a la manía de comerse los óleos sobrantes de sus cuadros- acababa con la vida de Diego Velázquez.
Sus obras principales aparecen compiladas en las diapositivas de la parte superior de esta entrada:
En el podcast de Ser Historia, se hace un interesante recorrido general por el denominado Siglo de Oro y particularmente por la vida y obra de Diego Velázquez.
El río Colorado, que drena siete estados de la Unión -una superficie equivalente a la de la Península Ibérica- da nombre a estas tierras ubicadas en las faldas de las Montañas Rocosas y dominadas por vastas llanuras que hemos visto en cientos de ocasiones en las películas norteamericanas.
Además de los famosos resorts conocidos por el «todo incluido», República Dominicana es un país con un exuberante patrimonio natural y cultural, a menudo olvidados por los grandes turoperadores.
Viajar en el espacio a veces provoca una serie de paradojas temporales -aunque lo parezca, no es una frase del Dr. Emmet Brown- : por ejemplo, si uno sale de Badajoz a las 10:00 por ejemplo y se dirige a Elvas, el primer pueblo luso -encantador, por cierto-, llegará antes de haber salido…Obviamente esto no es exactamente así; hay una explicación lógica, que es el cambio de huso horario al cruzar la frontera con Portugal.
Los distintos pueblos musulmanes que estuvieron durante casi ocho siglos en la península Ibérica nos dejaron un patrimonio cultural especialmente rico que debemos cuidar, proteger y que constantemente nos recuerda que parte de lo que somos, se lo debemos a ellos.